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Conciencia, emoción y voluntad

Tecnologías humanas del amor y el perdón en tiempos de IA

Actualmente, muchos creen que la Inteligencia Artificial (IA) sustituirá a la inteligencia humana, lo que, sin embargo, expone una visión materialista (Miguens, 2019), ya que se basa en la idea de conciencia como consecuencia de la “selección natural” y el crecimiento de las estructuras cerebrales (Satinover, 2008).

La inteligencia puramente física, sin embargo, no resuelve cuestiones como “la conciencia, la emoción y la voluntad” porque, como se pregunta Miguens (2019), ¿cómo podría ser “posible que mis pensamientos y las neuronas de mi cerebro formen parte del mismo mundo“? A pesar de la dificultad de entender conceptos abstractos en la antigüedad, como el alma y la vida en otras dimensiones, Jesús ya enseñaba: ”Hay muchas mansiones en la casa de mi Padre" (San Juan 14:2).

Hoy mundo virtual no hay nada futuro o potencial, porque expresa varias relaciones reales (Lévy, 2015), lo que remite a una dimensión más compleja. mental que física. Ada Lovelace (1815-1842) hizo una aportación decisiva a la informática y a la filosofía de la mente al combinar su notable talento matemático con una visión holística e incluso metapsíquica.[1] del mundo, lo que la llevó a concluir sobre la “naturaleza única del acto mental” (Neumann, 2023).

La comprensión metapsíquica de la mente era compartida por otros exponentes de la época victoriana, como Crookes, Lodge y Thomson, que participaban abiertamente en investigaciones científicas y sesiones espiritistas, una visión facilitada por inventos como la radio de Marconi, que trazaba una nueva frontera entre la “dimensión de lo real” y la de lo “invisible a los ojos” a través de las “voces y sonidos del vacío” (Gleiser, 2014, p. 261).

Para Turing (1912-1954), la inteligencia no requiere una “materia especial” ni “un alma”, ya que se basa en un proceso de “forma pura (sintaxis), sin [...] significado” (Miguens, 2019, p. 109; 111), aunque junto con Gödel reconoció que “la matemática como estructura formal no es completa”, entonces “la mecanización del pensamiento humano basada en una secuencia fija de reglas lógicas es mera fantasía” (Gleiser, 2014, p. 302-303).

Según Gleiser (2014, p. 259-262), la Física Cuántica retoma el debate “entre lo material y lo espiritual”, de ahí la pregunta “Si nuestra limitada percepción no logra captar tanto de lo que existe, ¿por qué no suponer la existencia de mucho más? ¿Por qué no suponer la existencia de un alma que [...] sobrevive a la desintegración material del cuerpo?”. Gleiser (2020, p. 19-20) va más lejos cuando sostiene que el ateísmo radical choca con la “ciencia”, porque la ciencia “sólo puede negar [...] la existencia de algo después de [...] observaciones concluyentes. Y las observaciones absolutamente concluyentes no existen”. Una constatación que, por cierto, remite a la “alianza de la ciencia y la religión” citada por Kardec (2021, capítulo I, punto 8).

Sofia Miguens (2019, p. 112) critica el “materialismo simplista” del funcionalismo, que equipara “estados cerebrales” con “estados funcionales”, basándose en la idea, a priori atractivo, que “La mente es al cerebro como el software es al hardware”, lo que, sin embargo, reduciría la primera a un forma “lógico-lingüístico” como cualquier otro sistema cognitivo capaz de autogestionarse, como la IA por ejemplo. aprendizaje automático.

El cognitivismo, sin embargo, recibe un fuerte contrapunto de la “habitación china”, un experimento en el que alguien que no habla chino, a través de instrucciones en su idioma, envía símbolos chinos (“respuestas”) fuera de una pequeña ventana, mientras que los otros participantes externos ignoran estos hechos y envían “preguntas”, lo que va más allá de la prueba de Turing, ya que da a las “respuestas” una “intencionalidad atribuida” que es diferente de la “intencionalidad intrínseca” (Miguens, 2019, p. 113-114). Según Sofia Miguens (2019, p. 113-114), esto demuestra que los “programas” son insuficientemente “sintácticos” (forma) “para que haya una mente”, porque las “mentes tienen semántica” (significado), de ahí que la IA Fuerte (aprendizaje profundo) “es una pretensión injustificada”.

El “control de la mente sobre el cerebro” o el “dominio de la mente sobre la materia” -como atestiguan los efectos placebo y psi, así como las Experiencias Cercanas a la Muerte (ECM)- es consecuencia del “sentido de propósito y significado” que, combinados con “la voluntad, la conciencia y [las] emociones”, “provocan cambios”, como evidencian las grabaciones cerebrales que dejan clara la complejidad tanto de las “experiencias espirituales” como de las “relaciones humanas” (Beauregard; O'Leary, 2025, p. 15).

Este tema, por lo tanto, merece una mayor atención, no sólo de la filosofía de la mente, sino también de la neurociencia, como señala Marlene Nobre (2007, p. 52) cuando aboga por un mayor desarrollo de la “neurofisiología de la mediumnidad”, para ver cómo se produce el intercambio entre el mundo espiritual y el cerebro y el cuerpo físico.Marlene Nobre (2007, p. 77) diferencia entre “concentración” mental y “fijación” mental. La primera caracteriza una testamento temporal e incluso racional, mientras que la segunda es “la adhesión del pensamiento a un objeto (ser o cosa), impidiendo su flujo normal y cristalizándolo de tal manera que se impide cualquier modificación: “el odio y la revuelta, la perversidad y la delincuencia, el fanatismo y la venganza, pueden generar estancamiento en el tiempo, según el grado de concentración del pensamiento en esos campos de desarmonía" (Nobre, 2007, p. 77).

Aquí ya es posible reconocer que el perdón y el autoperdón tienen su propia dinámica, que comienza con el suceso negativo y termina después de su total resignificación emocional, cuando se elimina la fijación mental en el sujeto. Kardec (2021, capítulo IX, puntos 8-10) subraya que el perdón, aunque se inicie por el “consentimiento de la razón”, para ser eficaz necesita el “consentimiento del corazón”, que no se contenta con las apariencias ni con motivos ulteriores como imponer “condiciones humillantes al otro”. Sólo así se puede sustituir la “corriente fluídica dolorosa” por el “pensamiento benévolo”, dándose cuenta de que la cólera no procede del cuerpo, sino de la mente (alma), y puede causar enfermedades físicas.

Según Moreira (2023, p. 25-26; 156-167), el perdón destaca al ser humano “biopsicosocial” y sus expresiones de (in)felicidad. También muestra la decisión de “no sufrir más”, capaz de remover la fijación mental, seguida de actitudes concretas y de un proceso de aceptación o resignación - no necesariamente olvido, sino lo contrario de la ira, que, cuando “Negada, da origen a la herida; exacerbada, se convierte en agresión. En la raíz de todo daño está la ira, reprimida o reconocida”.

Diversos estudios han demostrado beneficios como la mejora de la presión arterial, el control glucémico, el fortalecimiento de la inmunidad, entre otros (Santos, 2021, p. 371-372).

Por último, el autocontrol de la mente (alma/espíritu) sobre la materia -y como guía de las relaciones humanas según el amor sublimado- encuentra su máxima expresión en Jesús y Gandhi. Es lo que permite la búsqueda del sentido de la vida, la evolución de la propia conciencia y la superación de reacciones instintivas y errores seculares. Como nos inspira esta frase, atribuida a Chico Xavier: “Aunque nadie pueda volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede empezar ahora y hacer un nuevo final”.

Que el amor y el perdón, aceptados por todos los pueblos, sean el lema y la bandera de nuestro planeta azul más feliz y regenerado.

Hugo Barroso Uelze es abogada y voluntaria del Grupo Espírita Cairbar Schutel, en São Paulo.

Referencias

BEAUREGARD, Mario; O'LEARY, Denyse. El cerebro espiritual: una explicación neurocientífica de la existencia del alma. Traducido por Alda Porto. 5. ed. Río de Janeiro: BestSeller, 2025.

GLEISER, Marcelo. La isla del conocimiento: los límites de la ciencia y la búsqueda de sentido. Río de Janeiro: Record, 2014.

GLEISER, Marcelo. El caldero azul: el Universo, el hombre y su Espíritu. 6. ed. Río de Janeiro: Record, 2020.

KARDEC, Allan. El Evangelio según el Espiritismo. 366. ed. Araras, SP: IDE, 2021.

LÉVY, Pierre. ¿Qué es virtual? 2. ed. São Paulo: Editora 34, 2015.

MIGUENS, Sofía. Alan Turing y la filosofía de la mente. En: ESPÍRITO SANTO, José Carlos (ed.). Alan Turing: científico universal. Braga, Portugal: UMinho, 2019. Disponible en: https://ebooks.uminho.pt/index.php/uminho/catalog/view/5/8/187. Consultado el: 21 dic. 2025.

MOREIRA, Andrei. Curación y autocuración: una visión médico-espírita. Catanduva, MG: AME-MG, 2023.

NEUMANN, Patricia. El pensamiento máquina en Ada Lovelace. Simbiótica. Revista electrónica, v. 10, n. 1, p. 106-125, 2023. Doi: https://doi.org/10.47456/simbitica.v10i1.38046.

NOBRE, Marlene. El don de la mediumnidad. São Paulo: FE Editora, 2007.

SANTOS, José Ricardo En: AGUIAR, Paulo Rogério Dalla Colletta de; DURGANTE, Carlos Eduardo Accioly (org.). Psiquiatría ilustrada:las contribuciones de André Luiz a través de la psicografía de Chico Xavier. São Paulo: AME-Brasil Editora, 2021.

SATINOVER, Jeffrey.El cerebro cuántico: los nuevos descubrimientos de la neurociencia y la próxima generación de seres humanos. Traducción de Willian Lagos. 2. ed. São Paulo: Aleph, 2008.


[1] En este sentido, parece útil transcribir el siguiente pasaje: “En primer lugar: debido a algunas particularidades de mi sistema nervioso, tengo percepciones de algunas cosas que otras personas no tienen; o al menos muy pocas, por no decir ninguna. Esta facultad puede llamarse en mí un tacto singular o podría llamarse una intuición perceptiva de cosas que están ocultas; es decir, cosas ocultas a los ojos, oídos y sentidos ordinarios. Esta cualidad por sí sola me daría poca ventaja en la línea del descubrimiento, pero hay una segunda: mis intensas facultades racionales” (Apud Neumann, 2023, p. 111).

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