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La meditación en las escuelas es sin duda un paso hacia la paz

Nuestras escuelas primarias enseñan a los niños y jóvenes a leer, escribir, interpretar el mundo y prepararse para la vida práctica. En resumen, se aseguran de que los alumnos estén alfabetizados para que puedan crecer y elegir una profesión, desarrollarse intelectualmente, así como incorporar la cultura de su entorno y saber expresarse a través de ella. ¿Y podría enseñarse también la alfabetización emocional, que se refiere a las cualidades del corazón? ¿Podría enseñarse a los niños a convivir en armonía, a empatizar con sus semejantes y a afrontar con serenidad los retos de la vida, todo ello en el entorno escolar?

En todo el mundo han surgido iniciativas, promovidas por instituciones educativas públicas y privadas, que se han preocupado por esta formación específica. Los profesionales de la educación han percibido esta enorme carencia y buscan soluciones viables que puedan suponer un cambio positivo en la vida de sus alumnos. Y fue a través de la meditación como estos profesores y pedagogos encontraron una de las herramientas más eficaces para enseñar estas habilidades a sus alumnos.

Aunque pueda parecer inverosímil que los niños, siempre tan activos, puedan pararse a meditar, las estadísticas garantizan que estas clases, a través de ejercicios que utilizan la atención plena al momento presente, con el uso de la respiración y las mentalizaciones, aportan resultados concretos en la mejora de la convivencia dentro de la comunidad escolar.

En muchos países, incluido Brasil, Las escuelas que se han atrevido a dar cabida a la meditación en sus planes de estudio han visto beneficios similares: los casos de acoso escolar disminuyeron, desaparecieron los pequeños desacuerdos, se estableció mejor el respeto a la diversidad e incluso aumentó la concentración y el rendimiento de los alumnos durante las clases de otras asignaturas.

También hay informes de los propios niños de que, gracias a la práctica, han llegado a verse a sí mismos como más tolerantes tanto con los amigos como con la familia, aceptando opiniones diferentes. También informaron de que empezaron a dormir mejor y a controlar su ansiedad en vísperas de exámenes y competiciones. Podemos imaginar el impacto de este aprendizaje para el futuro de las nuevas generaciones y lo positivamente que puede repercutir en la vida adulta de cada alumno cuando puedan afrontar compromisos importantes con tranquilidad y respeto al prójimo.

La mayoría de las veces, las mamás y los papás imaginan que sus hijos aprenderán a ser buenos, tranquilos y caritativos sólo a través de los ejemplos que reciban en casa. De hecho, es muy importante que la familia desempeñe su papel en la formación moral de los niños, pero la gran verdad es que estas habilidades para la vida son tan esenciales que pueden ser un tema cada vez más constante de las lecciones, formando parte del currículo escolar.

Bondad, altruismo y compasión

La bondad, el altruismo y la compasión son algunas de las habilidades que se desarrollan en las clases de meditación, y las prácticas se diseñan en función de cada grupo de edad. En general, las actividades son más breves de lo que serían para los adultos y utilizan elementos lúdicos como sonidos y música, juguetes, libros y movimientos corporales suaves, todo ello dirigido por profesionales especializados.

“Las escuelas que se han atrevido a dar cabida a la meditación en sus planes de estudio han observado beneficios similares: casos de acoso escolar disminuyeron, desaparecieron los pequeños desacuerdos, se estableció mejor el respeto a la diversidad e incluso aumentó la concentración y el rendimiento de los alumnos durante las clases de otras asignaturas.”

Con el tiempo, el niño, al igual que un adulto que empieza a practicar, se da cuenta de que es menos impulsivo y más tranquilo. En lugar de reaccionar con irritación o impaciencia ante situaciones difíciles, se da cuenta de que puede aprender a pensar primero, eligiendo más conscientemente qué hacer o decir. Se da cuenta de que reaccionar por impulso, sin medir las consecuencias, puede causar daño y resentimiento en la otra persona y muchos remordimientos para sí misma después. Además, esa forma de reaccionar no siempre resolverá el problema en cuestión. Por el contrario, respirar y utilizar la propia conciencia, una de las lecciones más importantes que la meditación da a los practicantes, ya sean niños o adultos, no sólo puede evitar arrepentimientos posteriores, sino también mostrarles que muchas de las cosas que antes les irritaban ahora ni siquiera les molestan.

“Velad y orad para no caer en tentación. El Espíritu está preparado, pero la carne es débil” (Mateo 26:41)”.

De forma similar a lo que Jesús nos aconsejaba hacer cuando nos pedía que rezáramos y observáramos, los practicantes de meditación aprenden a observarse a sí mismos, buscando mejorar sus actitudes en situaciones en las que solían caer en el error. No hay soluciones mágicas ni resultados rápidos, de ahí la importancia de sembrar este hábito a una edad temprana. Para ello, el profesor que dirige la práctica mostrará al alumno que se trata de un proceso de autoconocimiento, donde la amabilidad y la paciencia con uno mismo, a través de la aceptación de los propios defectos, serán uno de los requisitos.

La bondad, base de un cerebro sano

Richard Davidson, uno de los neurocientíficos más destacados de la actualidad e investigador de los efectos de la meditación en la salud y el comportamiento humanos, suele decir que la base de un cerebro sano es la bondad. Deberíamos ejercitar literalmente la bondad y la empatía en nuestra vida cotidiana, de modo que no vivamos centrados en nosotros mismos, sino que desarrollemos un interés sincero por el bienestar de nuestros semejantes.

Y este ha sido el trabajo de los profesores de meditación en las escuelas que, desconectados de cualquier principio religioso, pero convencidos de su papel en la enseñanza del amor y el altruismo, han trabajado duro para construir este comportamiento amable en sus alumnos. Y, como podemos comprender, este comportamiento es esencialmente cristiano.

Enseñar a un niño o adolescente este entrenamiento mental cariñoso y suave, que permite a cada uno mirar hacia dentro y buscar el equilibrio en sus propias emociones, es el objetivo. Sin embargo, las dificultades para introducir todas estas buenas intenciones en el menú de una clase son enormes, ya que la aceptación no siempre es inmediata. La creatividad a la hora de diseñar actividades que resulten interesantes y divertidas, el compromiso con los principios y la coherencia en las actitudes merecen la pena. Los buenos valores pueden aprenderse y asimilarse, como defiende el Dr. Richard Davidson, rompiendo viejos hábitos de irritación o impaciencia y transmutándolos en otros nuevos, más dóciles y fraternales.

El Dr. Christopher Willard, psicólogo estadounidense especializado en meditación para niños y jóvenes, escritor, conferenciante y profesor de Harvard, sugiere que cuando cantemos el cumpleaños feliz a nuestros pequeños, en ese momento en que solemos decirles que soplen la vela y pidan un deseo, les propongamos que pidan siempre tres deseos: un deseo que quieran para sí mismos, un deseo para alguien especial a quien quieran y, por último, un deseo para el planeta. Se trata de un nuevo hábito pequeño, fácil y desenfadado que ya enseñará a los niños a pensar en sus hermanos y hermanas de la humanidad y a darse cuenta de que pueden enviar amor a sus semejantes.

Marjorie Aun es profesora de arte y meditación para niños.

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