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El principio de la ley del esfuerzo

W.A.Cuin

“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá” (Jesús - Mateo VII).
En tiempos tan difíciles como los actuales, el esfuerzo se caracteriza por ser el motor de nuestros logros y progresos. Quien no pregunte, busque y llame a las puertas con valentía y perseverancia no alcanzará el éxito que desea. La teoría de los brazos cruzados nunca ha estado tan en desuso como hoy. La indiferencia, la inercia y la autoindulgencia ya no tienen cabida en la sociedad moderna. O te lanzas, intrépido, en pos de tus objetivos, o tendrás que sufrir las decepciones de quedarte en la contemplación, inmerso en el mundo de los sueños y las expectativas.
A lo largo de los tiempos, nunca han faltado llamamientos y advertencias para que nos preocupemos de observar los beneficios que el esfuerzo siempre puede aportarnos. Basta con echar un breve vistazo a la vida de los que han triunfado, de los que con audacia han hecho progresar a la humanidad, y pronto nos daremos cuenta del esfuerzo que han realizado para que los logros que han obtenido puedan verse en el seno de sus comunidades.
Es urgente que no sigamos esperando que nuestros objetivos se alcancen gracias a los beneficios de la colaboración de otras personas. Podemos contar con el apoyo de muchos que caminan con nosotros, pero nuestros deseos requerirán nuestro propio esfuerzo. El fracaso, por supuesto, no puede achacarse a los demás, pero desde luego sí a nuestro mal planteamiento de la vida.

“No basta conocer el Evangelio, manejarlo, ponerlo en la mesilla de noche o en un lugar destacado de la casa. Es esencial vivirlo en la práctica, porque contiene el principio del esfuerzo y, en consecuencia, el principio de nuestra felicidad.”


Perseverancia, determinación, valentía, optimismo y obstinación son palabras de profundo significado que definitivamente deben incorporarse a nuestro vocabulario práctico. Es lo que dijo Jesús hace aproximadamente dos mil años cuando afirmó: “Pedid y se os dará; buscad y encontraréis”. El Amigo Divino nos enseñó el camino hacia el éxito, dándonos lecciones sobre el esfuerzo, la fuerza de voluntad y la persecución de nuestros objetivos.
En todos los rincones del universo, no hay pruebas de que alguien haya logrado realizar los objetivos de su vida esperando a que los resultados vinieran de manos ajenas. Las grandes gestas, las grandes conquistas y los grandes empeños que han marcado la historia están llenos de ejemplos notables de determinación, perseverancia y audacia. Las criaturas temerosas, tímidas e indiferentes irán sin duda por la vida siempre a remolque de quienes abren nuevos caminos y desvelan nuevos horizontes de progreso. Los primeros son guiados, arrastrados; los segundos guían, mandan y dictan los ritmos de las sociedades. Los primeros son dinámicos, firmes y atraviesan la existencia dejando un rastro de logros a su paso. Los otros son vacilantes, temerosos y transcurren sus días inmersos en la incertidumbre y la duda, perpetuando la huella del arrepentimiento y el inconformismo.
Ante tanta competencia en la sociedad, salgamos a luchar por nuestros ideales, hagamos realidad nuestros sueños utilizando las lecciones del esfuerzo, tan claramente enseñadas por Jesús.
Las enseñanzas de Cristo nunca fueron tan actuales, tan vivas como ahora. No hay literatura más optimista, que eleve nuestra estima, que nos llame tanto a la motivación como la dada por el Divino Maestro a través de Su Evangelio. Muchos han leído la “Buena Nueva”, pero pocos han llegado a comprender la profundidad de sus lecciones, razón evidente por la que la Humanidad sigue sufriendo tanto en los caminos de la existencia.
Por eso, no basta conocer el Evangelio, manejarlo, ponerlo en la mesilla de noche o en un lugar destacado de nuestra casa. Es imprescindible vivirlo en la práctica, porque contiene el principio del esfuerzo y, en consecuencia, el principio de nuestra felicidad.

W.A.Cuin es administrador de empresas y presidente de la Asociación Benéfica Irmão Mariano Dias de Votuporanga (SP).

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