“Mantén la calma y el buen ánimo en todas las situaciones” (Emmanuel, 2024, punto 61).

En el contexto social en el que vivimos, influimos continuamente en el entorno en el que nos desenvolvemos y también somos influidos por él. Desde que nos despertamos, recibimos infinidad de informaciones y llamamientos que van determinando nuestras acciones a lo largo del día. Por lo general, en el desayuno ya tenemos en nuestras manos los periódicos, cuyas noticias ejercen una notable influencia en los pensamientos que vamos elaborando. La radio, la televisión -e Internet- también actúan de este modo con las noticias que emiten.
Así, cuando salimos para el trabajo, o incluso cuando iniciamos nuestras actividades domésticas, ya hemos recibido un gran número de factores influyentes. Cuando vacilamos, no siendo firmes en nuestros puntos de vista, opiniones, etc., podemos, a partir de ese momento, permitir que las ideas y mentalizaciones tomen direcciones desconocidas e imprevistas.
La noticia de una tragedia o de un acontecimiento triste puede, según el individuo, determinar su comportamiento durante las horas del día, contribuyendo generalmente a sus momentos de desequilibrio e infelicidad, mientras que una información optimista y alegre puede ayudarle a disfrutar de momentos de fiesta y equilibrio emocional.
“Por eso es aconsejable rezar una oración por la mañana, ya que nos ayudará a mantener vínculos mentales con las fuerzas del bien”.”
Ante esta realidad nada sorprendente, es esencial que cada uno de nosotros, dentro de los recursos de que dispone, censure la información y las noticias que absorbe, porque sin duda influirán de manera significativa en su comportamiento.
Por eso es aconsejable, por la mañana, leer páginas edificantes y reconfortantes, absorber noticias equilibradas, desprovistas de sensacionalismo y vibraciones de baja calidad, porque actuando cuidadosamente en la selección de nuestros factores de influencia, estaremos más seguros de caminar con corrección y determinación.
También debemos tener el mismo cuidado cuando nos vamos a dormir, porque el cuerpo necesita descansar para reponer fuerzas. En cuanto a nosotros, los espíritus, dejamos atrás nuestras vestiduras carnales y continuamos nuestras actividades fuera de la materia, llevando con nosotros las últimas impresiones del día, que pueden ser buenas o malas, lo que obviamente determinará la calidad de nuestra noche.
Pero si podemos dejarnos influir, es natural que también ejerzamos una influencia sobre los demás. También en este caso debemos estar muy atentos a lo que ofrecemos a nuestros hermanos y hermanas en el camino. ¿Les damos optimismo y esperanza? ¿Enviándoles mensajes de trabajo y perseverancia? ¿Sembrando ejemplos de honradez y honor?
Jesús nos dijo que no debemos ofrecer a nuestro prójimo lo que no queremos para nosotros. Por lo tanto, si no queremos recibir malas influencias de nuestros hermanos y hermanas, es obvio que tampoco debemos ejercer influencias desafortunadas sobre ellos.
Siempre es aconsejable que, a nuestro paso por los caminos de la vida, dejemos tras de sí las huellas de la esperanza, la alegría, el amor, la fraternidad, la solidaridad, el perdón y el idealismo. Puesto que queremos cosechar buenas influencias, debemos ofrecer a los demás influencias edificantes.
Referencia
EMMANUEL (Espíritu). Fuente viva. Psicografiado por Francisco Cândido Xavier. Brasília, DF: FEB, 2024 (Colección Fuente Viva, 4).