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Juventud espírita: lo que nos enseñó 2025 y lo que los jóvenes esperan para el futuro

Los encuentros de jóvenes realizados a lo largo de 2025 mostraron algo precioso: la juventud espírita está viva, inquieta, curiosa y profundamente interesada en construir un Espiritismo más humano, más próximo y más conectado a las necesidades del mundo real. Lo que vimos, en Brasil y en el exterior, fue un movimiento convergente, una verdadera carta de intenciones de la nueva generación.

El año comenzó con la Juventud Espírita Mundial, vinculada al Consejo Espírita Internacional (CEI), proponiendo reflexiones sobre la importancia de desarrollar la propia espiritualidad. Se invitó a los jóvenes a reflexionar sobre la fugacidad de la vida material, los objetivos de la reencarnación y la necesidad de situar el Espíritu por encima de los logros efímeros. Posteriormente, otro encuentro debatió sobre “Cómo vivir el Espiritismo en la vida cotidiana”, abriendo un espacio para el diálogo, el autoconocimiento y el intercambio de experiencias entre jóvenes de diferentes países.

En octubre, la juventud vivió un hito histórico: el 11º Congreso Espírita Mundial, celebrado paralelamente al 1º Congreso Espírita Mundial de la Juventud. Jóvenes de distintas nacionalidades se reunieron para reflexionar sobre el tema “La vida después de la vida”, debatiendo sobre la reencarnación, la inmortalidad, la ética, el propósito y la responsabilidad espiritual. El encuentro reforzó la fuerza de la juventud como protagonista de un movimiento espírita global, plural y creativo.

En Brasil, los encuentros regionales reafirmaron esta misma energía. El CONBRAJE 2025, celebrado en el sur del país, promovió el estudio, la fraternidad y la integración entre grupos de jóvenes de diversas ciudades. En São Paulo, el Centro Juvenil Espírita CEAK desarrolló actividades dinámicas para jóvenes de 16 a 24 años, centradas en el estudio, la socialización y la participación activa. El COJEDF, en el Distrito Federal, reunió a jóvenes de 12 a 21 años en una jornada de estudio y vivencia fraterna, fortaleciendo su sentido de pertenencia al Movimiento Espírita local y nacional.

Estos encuentros revelan lo que los jóvenes espiritistas buscan hoy: una espiritualidad viva, práctica y profundamente conectada con la vida cotidiana. Los jóvenes quieren un Espiritismo que acoja antes de instruir, que escuche antes de corregir y que abra espacio a conversaciones sinceras sobre salud mental, afectividad, opciones profesionales, tecnología y retos emocionales.

No quieren ser espectadores. Quieren participar, crear, colaborar y liderar. Espera encontrar en las casas espiritistas ambientes fraternos y seguros donde ejercer sus talentos, implicarse en proyectos sociales, desarrollar iniciativas culturales y sentir que forma parte de algo más grande. Menos formalidad, más sentido. Menos rigidez, más conexión.

Los jóvenes también buscan un estudio doctrinal en profundidad, fiel a Kardec y a los clásicos, pero dinamizado por debates, tecnología, encuentros híbridos e intercambios con jóvenes de otros estados y países. Quieren entender temas como el periespíritu, la mediumnidad, el fluido vital y la reencarnación no como misterios inalcanzables, sino como herramientas para la iluminación interior. Además, anhela un Espiritismo comprometido con causas sociales y medioambientales, que se ensucie las manos, que transforme la fe en acción y que dialogue con la ciencia, la educación y la cultura. Quiere oportunidades reales para el voluntariado y la sana convivencia.

Por encima de todo, los jóvenes espiritistas quieren encontrarse con adultos inspiradores, no con figuras autoritarias, sino con compañeros de viaje. Personas que les acojan, les orienten, valoren sus opiniones y, sobre todo, vivan el Evangelio con coherencia y sencillez. Para esta nueva generación, 2026 aparece como una promesa: la esperanza de un Movimiento Espírita más moderno, más acogedor, más participativo y más profundamente comprometido con lo que realmente importa: unir estudio, afecto, servicio y espiritualidad viva.

Los jóvenes piden paso. Depende de nosotros abrir nuestras puertas y nuestros corazones.

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