“Todos somos alumnos de la escuela de la experiencia. Cada lección aprendida es el resultado de un esfuerzo. El esfuerzo a menudo encuentra dificultades. Cada dificultad es un reto. Y ante cualquier reto, la compasión es ante todo la respuesta.”(Emmanuel, 2021).

Ninguna criatura se reencarna para sufrir. La reencarnación lleva al Espíritu a una nueva etapa en la Tierra, con el objetivo de corregir el pasado y aprender nuevas experiencias para el futuro. Sin embargo, para alcanzar estos objetivos, son esenciales la dedicación, un fuerte compromiso y mucho sacrificio.
Nadie logrará ninguna victoria sin grandes dosis de renuncia, perseverancia y determinación, factores indispensables para superar las barreras y los obstáculos que siempre se interponen en el camino de quienes aspiran al éxito. Es muy importante diferenciar el sufrimiento del sacrificio y los retos.
Frente a los mecanismos existenciales, si miramos con atención, pronto nos daremos cuenta de que, en varias ocasiones, lo que llamamos sufrimiento son en realidad recursos que la vida pone a nuestra disposición a raíz de sacrificios y desafíos, motores de nuestro progreso espiritual.
Cuando salimos a trabajar para ganarnos el pan de cada día, a menudo nos vemos obligados a levantarnos muy temprano, coger un autobús o recorrer una larga distancia con mucho tráfico, trabajar muchas horas y luego repetir el viaje de vuelta a casa, durante toda la semana. Esto no es un sufrimiento, sino un sacrificio necesario que aumenta nuestra dignidad. El trabajo es una bendición en nuestras vidas.
El niño se levanta de la cama a primera hora de la mañana para ir a la escuela. En muchas ocasiones se enfrenta al frío y a la lluvia, pero sigue su camino hacia el imprescindible aprendizaje intelectual que le garantizará las condiciones para llevar una vida dentro de la normalidad. Evidentemente, no se trata de sufrir, sino de superar importantes retos que le proporcionarán valores de coraje indispensables para los días de su vida. Estudiar es una oportunidad muy valiosa para el ser humano.
El joven deja la reconfortante convivencia de su hogar y sus amigos sociales y se marcha a un lugar lejano para estudiar en la universidad, con la esperanza de prosperar profesionalmente. Ciertamente, no está sufriendo, sino renunciando a los placeres de la juventud para poder disfrutar en el futuro de los bienes definitivos de la madurez espiritual. Enriquecer el intelecto es un logro indispensable.
El sufrimiento también existe, pero sólo cuando nos desviamos de los caminos rectos de la moral, vagando indiferentes o irresponsables por los senderos oscuros de la imprudencia, al margen de una existencia coherente con los verdaderos objetivos de la prosperidad espiritual.
Estamos en la Tierra, en un proceso de reencarnación, aspirando a logros espirituales, porque no somos realmente de la Tierra. En realidad, estamos aquí por poco tiempo; pronto volveremos al mundo real. Si somos plenamente conscientes de ello, nuestro itinerario será sin duda diferente y nuestros objetivos no se limitarán a las conquistas materiales. Con esta convicción, sin duda tendremos muchos más sacrificios y desafíos y mucho menos sufrimiento.
Frente a los mecanismos existenciales, si miramos con atención, pronto nos daremos cuenta de que, en varias ocasiones, lo que llamamos sufrimiento es en realidad un recurso que la vida pone a nuestra disposición a raíz de sacrificios y desafíos, motores de nuestro progreso espiritual.
Reflexionemos.
Referencia
EMMANUEL (Espíritu). Nombramiento. Psicografiado por Francisco Cândido Xavier. Brasília, DF: FEB, 2021.