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Entre el hambre y el amor: lo que enferma el corazón

Un día me invitaron a dar una charla en una ONG en la que trabajamos, Lar do Alvorecer. El tema era la alimentación sana de las personas mayores. Llegué con todo preparado. Antes de empezar, servimos un café a los ancianos. Había galletas y pequeños tentempiés. Fue entonces cuando me sorprendí: muchos de ellos no comían. No porque no quisieran, sino porque se los habrían llevado a casa para compartirlos con sus nietos, dada la falta de recursos.

En ese momento, algo dentro de mí cambió. ¿Cómo hablar de alimentación sana cuando no hay nada donde elegir? ¿Cómo aconsejar sobre calidad nutricional cuando falta lo esencial? Había allí mujeres mayores que querían tomar su café con una magdalena, pero preferían reservarlo para sus nietos. Mi conferencia, técnicamente correcta, perdió sentido ante esa realidad.

Me acordé de este episodio al leer un nuevo estudio de investigadores de la Clínica Mayo de Estados Unidos, publicado en la revista científica Actas de la Clínica Mayo. El estudio evaluó a más de 280.000 personas y analizó no sólo los exámenes clínicos, sino también las condiciones en las que viven estas personas, los llamados determinantes sociales de la salud, que incluyen factores como los ingresos, el acceso a los alimentos, la vivienda, el estrés y el apoyo social.

Para estimar el impacto de estas condiciones, los investigadores utilizaron un algoritmo de Inteligencia Artificial capaz de calcular la edad biológica del corazón a partir del electrocardiograma, es decir, cuánto ha envejecido realmente ese corazón, además de su edad cronológica. Y los resultados son profundos.

Las dificultades económicas y la inseguridad alimentaria parecían ser los factores más fuertemente asociados al envejecimiento acelerado del corazón, superando incluso a factores tradicionalmente considerados centrales en medicina, como la hipertensión, el tabaquismo y los antecedentes de infarto. Las personas que vivían bajo presión económica tenían un riesgo de muerte significativamente mayor a corto plazo. Estos hallazgos amplían nuestra comprensión del proceso de la enfermedad. El corazón no sólo enferma por exceso, sino también por carencia: falta de alimentos, falta de seguridad, falta de estabilidad. El estrés continuo de no saber si habrá lo básico al día siguiente actúa silenciosamente sobre el organismo, acelerando el agotamiento físico y poniendo en peligro la salud con el paso del tiempo.

Ante esto, es imposible no volver a la escena del Lar do Alvorecer. Allí, lo que parecía un simple gesto -guardar comida para llevar a casa- reveló en realidad una profunda realidad que la ciencia está empezando a cuantificar: la vulnerabilidad social también enferma a las personas. Y enferma el corazón, de forma concreta y mensurable. Y esta reflexión no acaba en la biología. A la luz de la espiritualidad, se nos invita a ampliar aún más nuestra mirada. El ser humano no es sólo un cuerpo que enferma; es un Espíritu en experiencia, atravesado por circunstancias que también educan, interpelan y transforman.

El dolor de la escasez, el esfuerzo silencioso de renunciar a la comida por amor, la dignidad presente incluso en la carencia, todo ello habla de poderes del alma que no aparecen en los exámenes, pero que sostienen la vida. Aquellas ancianas, que renunciaron a una simple taza de café para cuidar de sus nietos, no sólo estaban experimentando la privación. Estaban ejercitando el amor. Y quizá ésa sea la mayor lección.

La ciencia nos muestra, con datos, el impacto de las condiciones de vida en el cuerpo. La espiritualidad nos recuerda que, incluso en las condiciones más difíciles, el ser humano sigue siendo capaz de amar, elegir y trascender. Nos corresponde, como profesionales de la salud y como sociedad, integrar estas dos perspectivas. No sólo orientar lo ideal, sino acoger lo posible. No sólo prescribir conductas, sino reconocer realidades. Porque, a menudo, lo que falta no es información, sino condiciones. Y cuidar de verdad es saber ver esto.

TALITA JUNQUEIRA es geriatra y médico clínico. Diplomada por la Sociedad Brasileña de Geriatría y Gerontología (SBGG), se licenció en Medicina por la Universidad de Marília (UNIMAR) y se especializó en Geriatría y Medicina Clínica en el Hospital de los Servidores Públicos del Estado de São Paulo (HSPE). Es médico adjunto del Departamento de Geriatría del HSPE y forma parte del personal clínico del Hospital HCor, donde también presta asistencia ambulatoria y domiciliaria, con atención integral a las personas mayores. Es miembro de la Asociación Médico-Espiritista de São Paulo.

Referencia

RAJAI, Nazanin et al. Interacción de los determinantes sociales de la salud y los factores de riesgo tradicionales en la predicción del envejecimiento cardiaco. Actas de la Clínica Mayo, v. 100, p. 2.128-2.139, 2025. Doi: https://doi.org/10.1016/j.mayocp.2025.01.024.

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